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LA VERDADERA VICTORIA

Por: Schneur Zalman Ben-Chaim

De primera, y con total claridad, todos coincidimos en que no disfrutamos perder, a nadie le gusta perder, sin embargo hay una diferencia tan sutil -y casi imperceptible en algunos casos- de ciertos términos, que con facilidad los confundimos, ya que el hecho de que no nos guste perder, no quiere decir que no traiga beneficios experimentarlo de vez en cuando, pero más allá de eso, no podemos confundir el hecho de que no nos guste perder, con la idea de que la victoria esta necesariamente ligada a ganar.

Nuestro rechazo a perder esta realmente asociado a la incomodidad que nos genera el cambio, a tener que acomodarnos de otra manera en diferentes aspectos de nuestra vida, transformando nuestra cotidianidad y la manera de abordarla. Por supuesto, cada cambio tiene diferentes matices, y no es lo mismo cambiar de horario, a cambiar hábitos alimenticios o creencias, por poner tan solo algunos ejemplos; y aún cuando unos exijan un poco más de adaptabilidad de nuestra parte que otros, cada cambio que ejecutamos termina por brindarnos nuevas alternativas, posibilidades y herramientas, por más amargos que puedan ser, siempre hay un aporte para nuestra vida, nos resulte evidente de inmediato o no.

Y es esa intención de no querer perder la que puede confundirnos, haciendo que creamos que entonces, la victoria está en ganar, llevando a que nos enfoquemos en tratar de ganar siempre, y dado que ese sentimiento de victoria lo asociamos al júbilo que sentimos al ganar, se conecta directamente con la necesidad de reconocimiento, de aplausos, de demostrar que lo logramos. Por consiguiente, muchas de esas victorias parecen ser respuesta al contexto que tenemos y los parámetros que este nos plantea, y también una respuesta a nuestro ego, que necesita sentirse vivo y captar protagonismo.

Cuando respondemos a esa sed de nuestro ego, que busca ganar sin pensar en nada más, podemos caer en la necesidad de tratar de lograr esa victoria cumpliendo con lo que creemos seguro, siguiendo un modelo que, aún viéndolo, tal vez no analizamos en profundidad. Terminamos por creer que la victoria debe enaltecernos, y que la manera más evidente en la que lo podemos lograr, es haciendo que otros se sientan menos, ya sea de una forma directa o indirecta, pero como si generar ese contraste hiciera más grande nuestra victoria.

¿Pero y si la vida no se trata de ganar? ¿Qué pasaría si de hecho la verdadera victoria no fuese ganar?

Entre día y noche, femenino y masculino, blanco y negro, tal vez no hemos profundizado realmente en el significado de la dualidad que nos rodea, porque lo más sencillo es asumir que están en oposición directa, como enfrentadas, y creemos por consiguiente que solo puede ser de una u otra manera; pero no se trata de uno contra otro, sino de uno con otro, y como se consolida esa unidad.

Por eso creo que la verdadera victoria no se trata de ganar, no es ganar una discusión, un argumento, una posición, o cierto grado de atención… la verdadera victoria se trata de entender que no necesitamos ganar, simplemente necesitamos ser.

Y responder a lo que sentimos, siendo consecuentes con nuestra alma, para lo cual no hay parámetros sociales, normas, reglas o estereotipos que debamos cumplir, porque cada uno de nosotros somos un universo tan particular como interconectado, donde tal vez lo único que por principios debemos tener claro, es no hacer daño deliberado a otros.

Si asumimos la posición de que no se trata de ganar, entenderemos que tampoco hay tiempos, bueno ni malo, sino que somos autónomos en cada uno de los procesos que asumimos y respetamos la evolución de ello. Cada situación tiene su propio proceso, y todos podemos abordar la misma situación de una manera diferente, diferencias que merecen ser respetadas porque nos permite construir un panorama mucho más completo.

Si tanto cuesta soltar esa necesidad de no perder, mejor enfoquémonos en no perder el tiempo a causa de todas esas sensaciones que nos hacen pensar que ganar es lo mejor que podemos obtener, porque nuestro tiempo es irremplazable, y mientras que lo perdemos dudando o peleando teniendo de escudo nuestro ego y orgullo, se nos va la vida de entre las manos, cuando la podríamos aprovechar de otra forma mucho más auténtica, y al hacerlo, al aprovechar el tiempo, le estaremos ganando a la vida misma.

La verdadera victoria esta en dejar de lado el orgullo, bajarle el volumen a nuestro ego, y permitirnos amplificar nuestra esencia y la voz de nuestra alma, para poder ir más allá de la dualidad, de lo que otros creen debe ser, de los miedos y el juicio que a veces la razón quiere imponer, para seguir realmente ese camino que es coherente con nuestro sentir, con nuestra esencia, y permitirnos así, poder superar la dualidad para empezar a sentir la unidad que esta por encima de todo eso, para poder realmente Ser.

Zalman Ben-Chaim

@Zalman5K

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