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SUPERVIVIR O SUPER-VIVIR

Por: Schneur Zalman Ben-Chaim

Jamás resulta fácil generalizar, pero aún con las implicaciones que pueda tener hacerlo, es importante identificar aquellas actitudes, circunstancias o cosas de las cuales, sin duda alguna, e independiente del contexto y origen de eso, nos deberíamos alejar. Tal vez por sensatez o por sentido común, o tal vez por instinto de supervivencia, entendiéndolo no como el simple hecho de mantenerse vivo, sino como ese estado que nos permita llegar a lograr una super-vida, una vida realmente maravillosa.

Y para lograr llegar a eso, tal vez una de las cosas más importantes de las cuales debemos alejarnos, tomar distancia y obligarnos a no aceptar (en nosotros y en los demás), es la mediocridad, ya que tiene un doble riesgo. El primero es que nos podemos acostumbrar muy fácil a ella, haciendo que nos parezca normal hacer las cosas y vivirlas a medias, y la segunda que resulta extremadamente contagiosa, así que si lo somos, perjudicaremos a quienes nos rodeen; y si en nuestro circulo permitimos que suceda, fácilmente nos veremos contagiados y por consiguiente perjudicados, de una manera tan sutil, que poco a poco terminaremos extinguiendo de nuestra vida un sinfín de posibilidades y oportunidades dejándolas morir por el simple hecho de asumir que esa realidad que vivimos es tan limitada, como no lo hace creer dicha mediocridad.

Lo más importante entender que la mediocridad tiene un espectro tan amplio que no solo se trata de una actitud a la hora de abordar una actividad laboral, o académica (profesores, estudiantes y trabajadores mediocres hemos visto muchos e incluso tal vez lo hemos sido), sino que es una actitud completa ante la vida. Hay gente mediocre para vivir, para amar, para perdonar, para cuidar lo que desea, para cerrar ciclos, para soñar, para avanzar… para todo.

Se es mediocre para vivir cuando se deja todo para después, con la arrogancia propia de quien cree tener tiempo infinito en su vida sumada con la ignorancia de creer que nada va a cambiar; para amar cuando se guardan los sentimientos y se quedan sin ser vividos, expresados y/o sentidos; para perdonar cuando no se deja sanar, sino que por el contrario se está recordando una y otra vez los errores cometidos en vez de fijarse en la lección por aprender; para cuidar lo que se desea cuando en vez de hacer méritos para lograrlo y multiplicarlo, se cree que se debe tener por derecho propio sin hacer nada por lograrlo u obtenerlo; para cerrar ciclos cuando no se es honesto en el proceso y se dice cerrar algo pero se dejan puertas medio abiertas; para soñar cuando se teme por lo que pudiese llegar a suceder en vez de creer con determinación absoluta en los sueños; para avanzar cunado se toma por normal esa mediocridad y se asume que no se puede dar más; para estudiar y trabajar, cuando se da lo mínimo posible para aprobar, para cumplir y nada más, sin retar nuestro intelecto, posibilidades o cualidades, sino que solo se quiere hacer lo que resulta cómodo, fácil y simple.

La solución es sencilla, pero no simple, y consiste en movernos. Es sencilla porque si tenemos algún rasgo de mediocridad, debemos movernos para exigirnos dar más y mejor, darlo todo de nosotros, en todo, para con todos, siempre; y si nos rodean situaciones que tienen a esto, o personas que lo son, debemos sentar nuestra posición y no aceptar que esto suceda si está a nuestro alcance, o sencillamente alejarnos, y movernos para tomar distancia.

Claramente estas acciones, estos movimientos no son simples, porque implican exigirnos a nosotros mismos e ir más allá de los que creemos nuestros límites, pero también implica tener el carácter para saber decir “NO” de manera certera y rotunda, sin vuelta atrás, y tomar distancia de aquellas personas y/o circunstancias que nos puedan contagiar de esa mediocridad. No es fácil, pero no necesitamos que sea fácil, solo que sea posible, y esto lo es, por completo. Alejarnos de la mediocridad es acercarnos a la plenitud en todos los aspectos de nuestra vida, y todo lo que debemos hacer para lograrlo, es movernos, luego de dar ese importante primer paso que es renunciar a la mediocridad, para dejar de ver el tiempo pasar y realmente super-vivir.

Zalman Ben-Chaim

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