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Sentir y Pensar

Por: Schneur Zalman Ben-Chaim

Siento el peso del tiempo, de los años, no de los que se han vivido, sino de lo limitado que puede ser el tiempo por venir. Hay tanto por hacer, tanto por sentir, tanto por descubrir y aprender, pero a la vez, tan poco tiempo… y no importa si falta un año o cincuenta, siempre será poco cuando quieres ver más allá de lo poco que te muestra la cotidianidad.

Siento el dolor de otros, sus vacíos, sus ausencias, sus miedos y angustias, incluso más allá del tiempo y la distancia, como algo más que una empatía profunda, como algo más que amor, como algo que incluso va más allá de una conexión. Vamos por la vida enlazando emociones sin saberlo, transfiriendo energía sin entenderlo, y nos quedamos entrelazados a través de sutiles conexiones que a veces no controlamos, y eso no bueno o malo, simplemente es, y como todo lo que se siente, el asunto no está en el sentimiento, sino en vivir con la reacción que te pueda generar.

A veces, lo recuerdo, pero siempre lo siento, y son esas ausencias que se transformaron en memorias, tal vez un poco lejanas o difusas, miradas, gestos, caricias que no tienes otra alternativa más que anhelar para volver con esto a hacerla real, aunque sea por un instante.

Siento mi voz, no la que se escucha, pero sí la que con más claridad habla, una que a veces sale del corazón, y otra, que está más allá de mi mente, las dos aunque diferentes, suelen ser una, como si cambiaran su tono, su acento, pero de una extraña manera conectan con lo mismo, lo verdadero, importante y esencial… En medio del ruido de la vida, de las exageraciones del día a día, no siempre es fácil escuchar, siempre es un esfuerzo que merece ser al menos intentado.

Y aunque pueda resultar paradójico, siento el presente, por supuesto que vivo en él, pero hay sensaciones, hay emociones, que no tienen tiempo, y negarlo sería como tratar de cortar el impulso al viento; solo se puede aceptar para poder fluir, para poder volar.

Siento lo que todos sentimos, pero muchas veces no nos detenemos a observar, la vida queriendo agotarse, y la muerte queriendo convertirlo en eternidad.

Pienso entonces (así como lo siento) en el tiempo, y su caprichoso deseo de encerrarnos en un instante, en un momento, que aunque pueda parecer largo, no alcanza a ser ni siquiera un suspiro comparado con la eternidad. Esto, lejos de restarle importancia, le da validez, porque hace que cada segundo cuente y sea irreemplazable.

Pienso en los deseos de libertad, y las cadenas contradictorias a las que nos decidimos atar, pero peor aún esas falsas y ridículas creencias que nos hacen pensar que no las podemos soltar, haciendo que seamos (como el elefante de circo), presos de una eternidad de amargura y maltrato, cuando lo que nos separa de la libertad, es una pequeña dosis de voluntad.

Pienso en las paradojas del día a día, en la necesidad de aferrarnos a sueños pero la falta de coherencia para ir tras ellos, en querer ver resultados pero no asumir el esfuerzo que implica lograrlos, en la queja cotidiana que habitualmente, carece de una acción real de cambio.

Pienso en quienes mienten hasta convencerse de sus mentiras como realidad, en la memoria selectiva de quienes activan hechos, acontecimientos o argumentos a conveniencia para ajustar su verdad; en los comportamientos que lejos de ayudarnos nos queman como ácido y en las injusticias ante las que guardamos silencio por simple comodidad.

Pienso, pero muy poco la verdad, en la belleza que nos rodea, esa que eleva el alma, la complementa, la reta, la llena… y digo poco porque prefiero disfrutarla a procesarla, aprovechar su razón de ser en vez de preguntarme por esa razón y quedando dando vueltas en mi cabeza, porque si la belleza es subjetiva al observador, prefiero convertirme en un gran observador que pueda inundar su alma con esa belleza que lo rodea en cada detalle de la cotidianidad, a un gran pensador que a todo le vea un pero, hasta llenarse de disculpas que lo alejen de apreciar la realidad.

Pienso y siento, casi como un reflejo, como una forma de poder pellizcarme para saber que estoy con vida, o tal vez, para no caer presa de la cotidianidad, en el abismo del conformismo… para preguntarme si aún existo, para recordarme que estoy vivo.

Zalman Ben-Chaim

@Zalman5K

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